Noticias Taurinas: Jiménez Fortes sufre una grave cogida en La Feria de San Isidro

Jiménez Fortes, Portal Taurino MuchoToro

A Las Ventas se viene a morir para vivir en Las Ventas. En ese contrasentido aparente se esconden sietemil valores para comprender el toreo. El que lo entiende, lo interioriza y lo comparte sabe que Saúl no vino a inmolarse hoy, como lo hizo otras tardes, sino a tirar de su valor seco y su hombría descarada para enfrentarse a dos pavos con alma, vida y corazón. Le colgaba de un pitón la Parca al sexto, el reseñado para su gloria. Cuando se imaginó Fortes la tarde no pensó que se la arrebatase un capricho de la Fortuna.

La Fortuna, que no es buena ni es mala, es caprichosa y fugaz como la felicidad de cuajar un muletazocon las tripas. De esos hubo cienes la tarde de Salvador Domecq, porque no embistió la corrida, pero ya arreó Saúl, que tiene el cuerpo cosido y la meta entre las cejas. La de hoy -por Fortuna- será una cremallera más en su chupa de la verdad.

Por dos veces se fue el malagueño a rezar ante el portón porque no se olvide nadie del compañero David. Un año ha de su sangre y no ha vuelto aún a tocar un alamar. Él sabe, como Saúl, que la Parca surge de la arena para quebrar las carreras y las vidas, y en la fragilidad graciosa de una muleta está el poder para sortearla. Lo tuvo Fortes para hincarle talón al díscolo tercero y a su briosa reposición en la verónica corajuda, encajada, entregada a la tarde de su manotazo a Madrid. Porque en Madrid se vive entregando la vida, componiendo el inicio a la sien recogida y arisca con más verdad que limpieza. Se la echó Saúl al castaño como si fuera bueno, con los frentes ofrecidos en el medio pecho, buscando el pulso perfecto en la imperfecta arrancada, sin perder un paso en la revuelta de buscón. Vivir en Madrid es jugársela a la Trampa en cinco bernadinas de ajustado corazón sin mudar la color de la faz ni siquiera al pasear la oreja. Es la de un tipo que quiere vivir en Las Ventas.

Quiere aunque no quiera el destino -aún- que atraviese la puerta más grande. Iba camino de ello tras quitarse los fantasmas con otra visita a la de chiqueros, otro rezo en el altar de los que creen en los güevos porque le pesan arrobas. Al castaño cabezón le apretó las verónicas con más cadencia que antes, le ajustó dos chicuelinas y lo dejó sin remate. Porque lo quería crudo para labrar la explosión. Lo empujó por abajo en los doblones del inicio, le dio torería a la sucia arrancada de cara suelta y ademán protestón. Y no habían pasado tres tandas cuando la espectacular voltereta daba en el aire con el de hoja y oro, que caía al suelo y allí recibía en el cuello la quemazón del pitón. Horrible. Porque vivir en Las Ventas es estar dispuesto a morir. Aunque sea por mala suerte.

Un nudo en las gargantas, un rictus de horror en caras y corazones. Y la veloz carrera que llevaba a Fortes a las manos de Padrós eclipsó toda la tarde. En ella había actuado Uceda contra el viento y contra dos mansos que no quisieron caminar. Le soportó tarascadas al de Fidel San Román que remendó el encierro el primero y le apretó los dientes al cuarto para clavarse de plantas ante su arisca condición. Horrible con la espada uno de los que mejor la maneja, que despenó contundente al que cerró la función tras herir al compañero.

El otro, el que quedó en el ruedo, venía de la enfermería por una voltereta del segundo y llegaba al paseíllo con la herida abierta de un percance anterior. El mexicano Silveti derrochó pundonor y raza para responder por gaoneras limpias las ajustadas de Fortes en el quinto, y buscó los terrenos propicios para limarle los dientes al mordedor animal, sabiendo que no estaba el brillo entre sus astas. Ni con uno ni con otro pudo vivir en Las Ventas.

Vive hoy -gracias a la Fortuna- un tío de Málaga que vino a vivir ofreciendo vida y cuerpo, que tardará lo que sea preciso en reponerse del daño. Porque lo espera Madrid para vivir en Las Ventas.

FICHA DEL FESTEJO

Plaza de toros de Las Ventas, Madrid. Feria de San Isidro, séptima de abono. Más de tres cuartos de entrada.

Cinco toros de Salvador Domecq, desiguales de presencia, cuajo y tipo. Zorrón y sin entrega el burraco segundo; brioso, descompuesto y reponedor el escurrido tercero; informal y arisco el cuarto; díscolo y sin entrega el quinto; informal el sexto. Y uno de Fidel San Román, primero, manso y deslucido.

Uceda Leal (ciruela y oro): silencio en ambos.

Diego Silveti (azul noche y oro): silencio y silencio.

Jiménez Fortes (verde hoja y oro): oreja y herido.

Fuente: Cultoro

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Torero y experto en tauromaquia. Bloguero y apasionado del mundo del toro. Comparto mi experiencia como torero en trajesdeluces.com y en el blog detorero.com .

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